El ex profesor de derecho visita el despacho de su ex alumno. Cuando el joven abogado le abre la puerta, su ex profesor le dice: "Tome. Estaba tirado afuera". Y deja la fina plancha de metal que llevaba grabado su nombre, esa que otrora yacía pegada en la puerta de su estudio. "Preste atención a detalles así…", le dijo el ex profesor señalando la placa con cierto desdén, "se ve mal y perjudica a toda nuestra profesión". La escena pertenece a la película alemana "Der fall Collini", del año 2019.
La escena narrada ofrece una interesante reflexión sobre la imagen de los abogados y la importancia de ese tipo de detalles en nuestra profesión. El gesto del ex profesor al entregar la placa de metal, es un recordatorio de que la reputación de los abogados es una construcción colectiva. Así, como si se tratara de una cadena, cada abogado es un eslabón: "Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil".
"Se ve mal y perjudica a toda nuestra profesión", fuertes palabras que subrayan lo antes dicho, al final del día, la imagen que proyectamos no solo afecta nuestra propia reputación, sino que también influye en la percepción que el público tiene de todos los abogados. La crítica sobre la apariencia de la placa señala un problema común: las apariencias y la presentación son aspectos que pueden influir en cómo se nos percibe. Un abogado que descuida los detalles y no presta atención a su imagen puede dar la impresión de falta de profesionalismo, incluso si su trabajo es sólido desde el punto de vista legal.
Los abogados, a lo largo de la historia y la cultura popular, hemos sido objeto de una serie de estereotipos que influyen en cómo los demás nos perciben, en cómo nos perfilan. Se nos ha dicho que somos acartonados, difíciles de convencer, se dice que no se puede discutir con nosotros, hay quienes nos tratan de excesivamente formalistas y quienes dicen que cambiamos posiciones y principios más que de pares de medias. Peyorativamente se nos ha tratado de mentirosos, de villanos, de desalmados, de personas sin corazón que viven a costa de los demás, como una suerte de sanguijuelas poderosas y oscuras, como demonios.
Se nos ha llamado aves negras, cuervos, caranchos, vampiros, chupasangres, etcétera. Uno de los estereotipos más comunes es la imagen de un abogado autoritario y distante, alejado de lo que le pasa al resto, como si perteneciera a una especie distinta, superior; siempre vestido con traje y corbata, inventando formas de ganar dinero, de aventajar al resto, o pensando en cómo generar honorarios y no en la justicia. Existe la noción de que los abogados somos personas frías y sin emociones, que no pueden conectarse con las experiencias de sus clientes; y esto no podría estar más lejos de la verdad, muchos abogados nos involucramos profundamente en los casos de nuestros clientes, empáticamente comprometidos en ayudar a resolver problemas legales que a menudo tienen un impacto significativo en la vida de las personas y, con suerte, en la sociedad. Poca gente lo sabe, pero hay también mucha colaboración entre colegas; nos ayudamos entre nosotros, sin egoísmos ni aires de superioridad.
La imagen que proyectamos es fundamental, no solo para nuestro éxito individual, sino también para la integridad de toda la profesión en general. Pienso que, con algunas cuestiones comunes y otras no tanto, hemos ido mutando aquella tradicional imagen, pienso que, a los ojos de los demás, nos fuimos transformando. Ya no usamos corbata todos los días y cambiamos algunos trajes por blazers y jeans; nos permitimos mostrar emociones y nos apasionamos en la defensa de los derechos de nuestros clientes y de la justicia, nos atrevemos a inventar formas de aplicar las leyes de manera justa y equitativa; y todo mientras conservamos ese aire formal y profesional, casi a modo de uniforme, pues, en definitiva, el perfil de un abogado es mucho más diverso y complejo de lo que a menudo se representa.
La imagen del abogado está evolucionando y, si bien algunos estereotipos pueden contener verdades, no se debe generalizar a toda una profesión que abarca una amplia gama de personalidades y estilos de trabajo. La formalidad puede ser un aspecto importante en esta profesión, y puede resultar común a casi todos, pero también es cierto que hoy en día los abogados van adaptándose a las necesidades de su práctica y de su clientela. Supongo que íntimamente estamos queriendo modificar esa idea negativa y horrorosa que se tiene de esta bella profesión. El día del abogado me parece una buena excusa para reflexionar sobre cómo podemos contribuir a una imagen positiva de los abogados, basada en la honestidad, la ética y el compromiso con la justicia.