A casi treinta meses de gestión, la máxima de Milton Friedman, "la inflación es siempre y en todo momento un fenómeno monetario", atraviesa su prueba de fuego en Argentina.
El gobierno enfrenta un complejo escenario inflacionario donde la emisión monetaria no es el único factor, sumándose expectativas y precios relativos distorsionados.

A casi treinta meses de gestión, la máxima de Milton Friedman, "la inflación es siempre y en todo momento un fenómeno monetario", atraviesa su prueba de fuego en Argentina.
Si bien el gobierno de Javier Milei ha hecho del rigor fiscal y el control de la emisión su bandera principal, la persistencia de niveles inflacionarios elevados obliga a preguntarse si la ortodoxia monetaria es suficiente para desarticular un régimen de alta inflación que parece consolidado.
En primer lugar, si la única causa de la inflación es que el dinero crezca por encima de la oferta de bienes y servicios... ¿por qué seguimos teniendo una inflación tan alta?
La realidad es que la emisión monetaria es la principal causa de la inflación, pero no la única y después de un proceso inflacionario muy largo como el que atraviesa Argentina, las expectativas y la distorsión de precios relativos juegan un papel muy importante.
En este marco, la inflación actual se puede pensar como resultado de cinco motores principales: el tipo de cambio, los salarios, la oferta monetaria, los precios regulados y el nivel de actividad.
Dentro del contexto económico argentino, las que podríamos definir como Fases del Periodo Milei han sido estas:
Actualmente el gobierno nacional mantiene un consumo deprimido, salarios que pierden poder adquisitivo y una economía estancada. A esto se le suma la necesidad de adquirir reservas y desarmas pasivos remunerados, lo cual eleva la oferta monetaria, haciendo imposible bajar la inflación a un dígito, no solo por una cuestión monetaria, sino por los siguientes factores:
¿Qué tendría que ocurrir para que la inflación caiga a un dígito anual? Básicamente se tendría que lograr lo siguiente:
En conclusión, el experimento liberal en Argentina demuestra que, si bien el control de la oferta monetaria es condición necesaria para frenar la escalada de precios, no resulta suficiente para alcanzar la estabilidad de precios.
La salida de la Fase 3 requiere desindexar la economía, aumentar el nivel de actividad y corregir la distorsión de precios relativos que aún hoy, sigue operando como un motor de la inflación.
El autor es economista.




