Nombrar a Israel puede ser sinónimo, para muchos, de un país por y para judíos. Al hablar de judíos, otros tantos imaginarán aquellas figuras de hombres con sombreros y atuendos negros que se complementan con desprolijas barbas y peyet (“trenzas” a los costados de la cabeza). Por consecuencia, también imaginarán -a luz de la actualidad- una población anticuada y alejada de cualquier otro tipo de sociedad, principalmente de aquellas con credos muy distintos o de las de su alrededor.




































