Pese a los enérgicos movimientos, sacudidas, frenadas y arranques, la mujer sostenía el mate, lleno de agua caliente, justo por encima de su bebé, que seguía con el pecho. Si con tanto movimiento el mate se le hubiera derramado sobre el bebé, quemaduras de segundo grado serían las consecuencias. En las piernas, o en la cara, o en los ojos. Ajenos al riesgo que corría el bebé, caso omiso hicieron de una señora que, parada, les advirtió del peligro. Entonces pensé una vez más en que hay una manera de hacer mejor las cosas.