El Infierno, la parte que ahora nos ocupa, estaba construido por una serie de círculos que se hunden cada vez más y por esa vía se aproximan al mismo Satanás. Cuando mayor el pecado, más profundo era el círculo en el que se ubicaba a esos infractores y, por lo tanto, peor el castigo. En el último, lacerados por las garfas del temible Señor de las Tinieblas, se sacrificaban a los grandes traidores: Cayo Casio y Marco Junio Bruto, que traicionaron a César; Judas Iscariote, que lo hizo con Jesús.; Benedict Arnold que intentó entregar West Point a los ingleses. Apenas un círculo por encima de lo más profundo y en un lugar mucho peor aún que el correspondiente a los uxoricidas, los criminales, los heréticos, los ladrones, el Dante sitúa el infierno de los corruptos. En ese lugar tan sombrío situaba a la corrupción, sin dudas el pecado de extrema gravedad.