De este modo, lo que intento decir es que una pareja no son dos personas transparentes entre sí. Querer saber todo acerca del otro es una pretensión que, en nombre de la honestidad, a veces justifica reacciones de control. Además, el motivo más frecuente para permitirse este tipo de actos está en los celos. Sin embargo, podemos ser celosos de muchas maneras. Tengo la impresión de que una distinción importante en varones es la siguiente: no siempre los celos nacen de la suposición de que el otro está transgrediendo algún pacto de la pareja, sino de la inseguridad. Tenemos miedo de que el otro no nos prefiera y así, entonces, el control se basa más bien en querer averiguar alguna cuestión que nos muestre que no somos el objeto privilegiado de su deseo. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que nuestra pareja tiene más deseos? ¿Por qué nos puede pasar que nos queremos convertir en el objeto absoluto de su interés y cualquier otra actividad nos hace sentir desplazados? Por esto no le podemos pedir explicaciones al otro, se trata de un conflicto con nuestro propio deseo. ¡Cuántas cosas quizás nos limitamos a nosotros mismos con tal de asegurar que el otro haga lo mismo! Una pareja que asegura su continuidad en limitaciones, tarde o temprano se encuentra con la desconfianza, la sospecha y, como dije antes, el control.