Cuando lo agarraron por última vez, quien luego sería Víctor, tendría 12 ó 13 años. Solía caminar apoyando manos y pies en el suelo, y estaba sucio, desgreñado y con mal olor. No hablaba, pero sí miraba. Parecía sordo. Delgado, menudo, solo medía 1,30 de estatura. La historia es real, conocida y repetida, y vale la pena recordarla para pensar en los de arriba y en los de abajo.





































