Pero, más allá de los números, lo realmente importante es la familia que sufre esa muerte: “si ya de por sí el dolor por la muerte de un hijo es indescriptible, añadirle más sufrimiento es impensable”, aseguran los legisladores Armas Belavi y Mayoraz en su proyecto, y advierten que “muchas madres y familias sufren -añadida a la muerte de su bebé- la forma en que reciben la noticia; otras muchas relatan que el proceso de parir a su hijo para despedirse de él es absolutamente doloroso, y que la falta de información de lo que ocurre y la escasa empatía percibida los deja aun más descolocados; incluso algunas comentan la soledad una vez que se despiden de sus hijos, sus cuerpos son cuerpos de puérperas, pero sus brazos no abrazan a su bebe y no saben cómo manejar esta situación y, luego, la vuelta a la normalidad sabiendo que del hospital debían salir siendo “uno más” -aunque algo de ellos se quedó dentro del paritorio-, a encontrarse día a día con el duelo, con el proceso de asumir y vivir con esa muerte que llegó demasiado pronto y que no tiene ni tendrá explicación ni justificación”.Por eso, consideran que “acompañar el duelo significa dejar transcurrir el tiempo, dejar nacer y vivir el dolor, para comprenderlo y reconvertirlo, para aceptarlo e integrarlo”.