-Es algo que hablamos mucho en las asambleas. El 30% de las familias argentinas hoy están endeudadas solamente con entidades bancarias, además de las que lo están con el circuito de las billeteras virtuales, el pago por día, etc. Las familias se están endeudando para comer y el poder adquisitivo de los trabajadores es similar al del 2001. Uno se pregunta por qué esto no se manifiesta hacia afuera con mayores niveles de protesta social, de movilizaciones y lo que nosotros vamos registrando es que todo esto que no está saliendo puertas afuera está explotando puertas adentro de los hogares. En todos lados aparece contado por las familias, los trabajadores de salud, los docentes un aumento drástico de los casos de salud mental, de las adicciones y de los consumos problemáticos, los intentos de suicidios en los jóvenes, la ludopatía, que son claras manifestaciones de una profunda crisis social, y lo peor es que quienes nos gobiernan nos quieren hacer creer que es culpa nuestra y que de estas cosas no se hablan porque vivimos en sociedades muchas veces muy hipócritas donde esto nos pasa todos, pero nadie se anima a decirlo por miedo al qué dirán. Doy siempre el mismo ejemplo: a las mujeres nos decían que la violencia de género era un problema privado del ámbito doméstico, que la sociedad no se tenía que meter, que el Estado no era responsable. Hasta que nos empezamos a encontrarnos y dijimos, "bueno, si me pasa a mí, a mi vecina, a tu hermana, ya no es un problema individual, es un problema social, y si es un problema social necesita una salida colectiva y ahí tiene que estar la política, dando respuestas a esas demandas y esas angustias, en esto se tiene que comprometer. No son problemas individuales ni es culpa nuestra como nos quieren hacer creer sino que son producto de una crisis económica, de un modelo de destrucción contra los argentinos y las argentinas que tiene sus consecuencias sociales en este malestar con el que estamos viviendo.