"Incurable no es nunca sinónimo de 'in-cuidable'": quien sufre una enfermedad en fase terminal, así como quien nace con una predicción de supervivencia limitada, tiene derecho a ser acogido, cuidado, rodeado de afecto. La Iglesia es contraria al ensañamiento terapéutico, pero reitera como "enseñanza definitiva" que "la eutanasia es un crimen contra la vida humana", y que "toda cooperación formal o material inmediata a tal acto es un pecado grave" que "ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo". Tal la postura sentada en "Samaritanus bonus", la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe "sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida", aprobada por el Papa Francisco en junio de 2020 y publicada en septiembre de ese año.