La estrategia de la Casa Gris fue atribuir lo sucedido a una operación política de la oposición. Por eso, el gobernador derivó en algunos de sus ministros las explicaciones de circunstancia; interpretó que si aludía personalmente al tema, el efecto era contraproducente y terminaba otorgándole más entidad. En rigor, el primero en hacer alusión de manera pública al hecho fue el jefe de la bancada oficialista en Diputados, Leandro Busatto. Lo hizo con tono crítico; pidió "disculpas" en nombre de su espacio político, y consideró que el "exabrupto" de Saín "no tiene ninguna justificación". A poco de ello y ya cuando la embestida de la oposición clamaba de mínima por la renuncia de Saín, fue un hombre de confianza de Perotti quien salió a defenderlo. Al ministro de Gestión, Marcos Corach, le correspondió la extraña responsabilidad de ratificar a un par - "Saín sigue en el mismo lugar en el que estaba", dijo, desalentando las versiones de renuncia-, y acusó sin rodeos al Frente Progresista de haber montado con el tema "una operación berreta".