La madrugada terminó con siete detenidos y una certeza institucional: la muerte del joven soldado en la Quinta de Olivos no fue un hecho aislado ni un suicidio inexplicable. Detrás del caso se desplegaba una estructura criminal organizada, montada desde cárceles bonaerenses, que utilizaba identidades falsas, aplicaciones de citas truchas y celulares como herramientas de extorsión.


































