En pocas horas, ese infierno en llamas que es Rosario sumó cuatro muertes de inocentes: dos taxistas, un colectivero que agonizaba y el más reciente, un joven empleado de una estación de servicio, a quien un sicario ejecutó con total frialdad de tres disparos a quemarropa, todo lo cual quedó registrado por las cámaras de seguridad del lugar.



































