- Claro, no. Yo trabajé con Luis Moreno Ocampo, entré a la Justicia por Julio Strassera. Y eso fue lo que se llamó la dimensión económica de las violaciones de los derechos humanos, que era cuando los militares se apropiaron de las empresas de las personas detenidas. Hubo casos famosos, como el del grupo Greco, bancos, financieras, campos, industrias.. La verdad que sí hubo toda una dimensión económica y me parece que desde allí aprendimos mucho como investigar la corrupción. Por ejemplo, en aquel momento cuando un testigo venía a hablar, pasaba que los militares habían estado en el poder hasta hacía un año. Entonces, las personas venían y decían: '¿Y si yo hablo y vuelven los militares, qué pasa conmigo?'. Y nosotros no teníamos nada para ofrecerles. No teníamos ni sistema de protección de testigo, ni plata, ni podíamos cambiarle la identidad, nada. Lo único que le dábamos era decirles 'y bueno, si va preso, vamos todos presos con usted'.