Durante siglos los sabios, incluso los clásicos, han negado la existencia del vacío. Hasta que el pensamiento científico probó su existencia, experiencia empírica mediante, la cosmovisión aristotélica no podía enfrentar la idea de la nada, ese abismo en el que acecha la muerte. Acaso, porque en la naturaleza el vacío no sucede si no se lo provoca. O tal vez, porque es humano pensar la muerte como un artificio.



































