Hay una película titulada “Fitzcarraldo” que dirigió Werner Herzog en 1982. Narra los esfuerzos de un excéntrico irlandés, interpretado por el actor Klaus Kinski, que emigra hacia América Latina para amasar una fortuna en la industria del caucho y poder construir así una ópera en medio de la selva amazónica. Pocas veces la pantalla reflejó tan bien el empeño por cumplir una meta a pesar de los fracasos y tropiezos. Sin embargo, como suele decirse, la ficción no es más que un reflejo de realidad. Y entre las historias que dejaron los inmigrantes que llegaron al país es posible hallar algunas que, sin las resonancias aparatosas del film de Herzog, demuestran la perseverancia de estos hombres y mujeres para forjar un destino para sus familias. Y también para un país.

































