Rafaela no sería la misma sin sus calles adoquinadas. Este entramado de más de 200 cuadras de granitullo, iniciado en 1927, no solo fue un avance en materia de infraestructura vial, sino también una marca de modernidad y progreso que aún perdura. Declarado patrimonio urbano en 2009, hoy continúa siendo restaurado por la Municipalidad, que apuesta a su conservación como emblema de identidad colectiva.


































