Ahí, en pleno corazón de los humedales del sur santafesino, dos empresarios levantaron una construcción en la que se contaban 34 habitaciones con todas las comodidades, playas de fácil acceso para las embarcaciones, orquestas, estación de servicio, usina propia, pista de bowling y de aviones. En ese lugar, donde a comienzos de la década del 30 la “barroterapia” y las aguas termales eran el gancho para garantizar el éxito, tuvieron que pasar dos grandes inundaciones para llegar al final de esta crónica. Del traje, la corbata y la galera, a los shorts con sandalias en un parpadeo.





































