Una profesora de biología psicológica se encargó de mirar de cerca la vida cotidiana de 2.000 adultos mayores en busca de métodos de prevención para una enfermedad temida de la vejez: la demencia.
Un ciclo circadiano estable y hábitos saludables son fundamentales para reducir el riesgo de demencia, según un reciente estudio enfocado en adultos mayores.

Una profesora de biología psicológica se encargó de mirar de cerca la vida cotidiana de 2.000 adultos mayores en busca de métodos de prevención para una enfermedad temida de la vejez: la demencia.
Se trata de una condición adquirida y crónica, que se caracteriza por el deterioro de las funciones cerebrales. La enfermedad se acompaña de síntomas cognitivos, psicológicos y cambios conductuales, que repercuten en la capacidad de las personas para realizar sus actividades habituales.
Cualquier persona puede llegar a desarrollar demencia, aunque es más común en los adultos mayores, debido a que la edad avanzada y la genética son factores de riesgo de la condición.
Aunque esos dos factores no pueden modificarse, existen otros que sí dependen directamente de cada persona. Al realizar cambios en la rutina diaria, se puede marcar una diferencia real en el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Un estudio publicado en The Conversation y realizado por la profesora Eef Hogervorst, reveló que hay un hábito en específico que puede llegar a reducir en 30% a 45% el riesgo de padecer demencia.
Todos los seres humanos tienen un ciclo circadiano: un período de 24 horas de tiempo, que se encarga de coordinar y regular cambios físicos, psicológicos, conductuales y el horario del sueño. Este sistema de sincronización interno ayuda a mantener la coordinación entre órganos y hormonas.
Según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos, alterar el reloj biológico de una persona podría debilitar el sistema inmunológico y causar distintos trastornos: cognitivos, conductuales, digestivos, de fertilidad, metabólicos, del estado del ánimo, y del sueño.
La investigación realizada por la docente se enfoca en los problemas para dormir. A lo largo de tres años se dedicó a estudiar a más de 2.000 personas con una edad promedio de 79 años y descubrió que quienes tenían un ciclo del sueño definido tenían un riesgo casi reducido a la mitad de desarrollar demencia.
Según la investigadora, para prevenir la enfermedad se debe mantener rutinas de sueño regulares y estables en el tiempo, ya que esa constancia es la que permite un funcionamiento saludable del reloj biológico.
Sin embargo, para poder lograr esto, se necesita también tener en cuenta otros factores relacionados a la dieta, el ejercicio y el estrés.
Los expertos recomiendan incluir la actividad física dentro de la rutina, para evitar desarrollar otras enfermedades que contribuyen al deterioro del cerebro.
Por ejemplo, las personas que desarrollan diabetes tipo II tienen un riesgo significativamente más alto de tener demencia, debido a que los niveles altos de azúcar dañan los vasos sanguíneos del cerebro.
Algo similar ocurre con la obesidad, el colesterol alto, la depresión y la hipertensión: son factores de riesgo, ya que aceleran la neurodegeneración.
Según la profesora, el ejercicio moderado regular, unos 30 minutos al día, sobre todo al aire libre y antes del mediodía, es una de las medidas más efectivas para ayudar a prevenir todas las patologías mencionadas o, por lo menos, reducir el efecto negativo que tienen sobre el organismo a largo plazo.
Al mismo tiempo, realizar este gasto energético contribuye directamente a que una persona pueda descansar de manera profunda por las noches.
El estudio enfatiza la importancia de que las personas no incurran en conductas dañinas diarias, como el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y las dietas altas en alimentos ultraprocesados.
Exponer al cuerpo y la mente a niveles altos de estrés de manera constante, dedicarle poco tiempo a los pasatiempos recreativos también se relaciona de manera independiente con los trastornos del sueño y, por consecuencia, con la demencia.
Los expertos sugieren que para reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad, es importante tener todos estos hábitos incorporados a la rutina diaria.
Es difícil que hacer ejercicio sin tener una dieta balanceada presente resultados, y, al mismo tiempo, es poco probable tener energía para realizar actividad física y pasatiempos sin tener un ciclo del sueño óptimo que ayude a sentirse energizado.




