La vida es un bien absoluto. Está por sobre todas las cosas, por ante todo. Y aunque a veces duela y el camino que ésta marca se vuelva difícil, sus sinuosos obstáculos se pueden sortear. La vida así entendida es el anverso y se contrapone a su reverso, que es el suicidio, el acto de quitarse la propia vida: nunca esta muerte es la salida pues morir así es la nada, un viaje hacia ningún lugar del cual nunca se podrá retornar. Y el suicidio se puede prevenir, aunque en pleno siglo XXI siga siendo un tema tabú.



































