El suicidio, definido por la Organización Mundial de la Salud como el acto deliberado de quitarse la vida, es un fenómeno complejo, multicausal y de enorme impacto social. Lejos de tratarse de una decisión individual aislada, constituye un problema de salud pública que interpela a los sistemas sanitarios, a las políticas públicas y a la comunidad en su conjunto.



































