Oscar Mediavilla habló sin filtros sobre L-Gante y encendió la polémica en la industria musical
El productor y músico cuestionó el rol de los managers, alertó sobre los contratos abusivos y puso en discusión el concepto de “cantante” en la escena actual, con duras definiciones que reavivaron el debate sobre el rumbo de la música popular.
Oscar Mediavilla habló sin filtros sobre L-Gante y encendió la polémica en la industria musical
Oscar Mediavilla volvió a quedar en el centro de la escena mediática tras una entrevista televisiva en la que dejó definiciones contundentes sobre la relación entre artistas y representantes, los cambios en la industria musical y el fenómeno de L-Gante. Sus declaraciones, realizadas en el programa Intrusos, generaron repercusión inmediata y reavivaron un debate de fondo sobre contratos, dinero y talento.
El productor fue consultado junto a Patricia Sosa por los conflictos recientes entre músicos y managers, en un contexto atravesado por denuncias vinculadas a acuerdos abusivos y disputas económicas. Desde su experiencia personal, Mediavilla marcó una clara diferencia entre el pasado y el presente de la actividad musical.
Según relató, a lo largo de su carrera nunca atravesó situaciones conflictivas con representantes. Recordó que trabajó con distintos managers y sostuvo que, en su generación, ese tipo de problemas no eran habituales. Para el productor, el escenario cambió de manera drástica en las últimas décadas.
Mediavilla explicó que el crecimiento exponencial del negocio musical alteró las reglas del juego. “Ahora hay mucha plata dando vueltas”, señaló, aludiendo a estadios colmados, giras internacionales y cifras millonarias que antes no formaban parte del circuito habitual. Ese contexto, afirmó, genera intereses cruzados y disputas más frecuentes.
El negocio, los contratos y la letra chica
Consultado sobre qué consejo daría a los artistas emergentes, Mediavilla fue categórico. Recomendó prestar especial atención a los contratos, leer cada cláusula y rodearse de personas con trayectoria y credibilidad en el medio. “Los tramposos se ven a la legua”, lanzó, en una frase que rápidamente se viralizó.
El productor remarcó que muchos jóvenes llegan al éxito sin herramientas para manejar el costado legal y económico de su carrera. En ese punto, advirtió que la falta de asesoramiento puede derivar en situaciones de abuso, especialmente cuando aparecen cifras importantes y compromisos a largo plazo.
También sostuvo que, en la actualidad, la velocidad con la que algunos artistas alcanzan la fama dificulta los procesos de aprendizaje. Según su mirada, antes existía un recorrido más largo que permitía adquirir experiencia y rodearse de equipos sólidos antes de llegar a los grandes escenarios.
En ese marco, Mediavilla planteó que la industria musical se volvió más compleja y menos previsible. Los contratos, dijo, ya no responden a esquemas simples y requieren una mirada profesional para evitar conflictos futuros.
L-Gante y el debate sobre qué es cantar
El tramo más polémico de la entrevista llegó cuando Mediavilla fue consultado por el fenómeno de L-Gante. Sin rodeos, el productor aclaró que no consume ese tipo de música y marcó una distancia generacional y estética con el referente de la cumbia 420.
“Yo soy de la época de los cantantes”, afirmó, y completó con una frase que generó ruido: “Hay gente que canta y hay otros que no”. Si bien aclaró que no escucha la música de L-Gante, dejó en claro que no lo considera un cantante en el sentido tradicional del término.
Sus dichos reabrieron una discusión recurrente en la escena cultural: qué se entiende hoy por talento musical y cuáles son los parámetros para definir a un artista. Mediavilla contrastó la formación vocal y técnica de otras épocas con el presente, donde pesan más el carisma, la identidad y la conexión con el público.
L-Gante volvió a quedar en el centro del debate tras las declaraciones del histórico productor musical.
Desde el propio programa se planteó que la industria cambió sus criterios de validación. Hoy, explicaron, las discográficas y productoras buscan fenómenos que convoquen multitudes, muchas veces surgidos de redes sociales, sin exigir necesariamente una formación académica clásica.
En ese sentido, Mediavilla reconoció que la música se “democratizó”. Señaló que el acceso a plataformas digitales permitió que nuevos artistas lleguen al público sin intermediarios, aunque advirtió que ese proceso también diluye ciertos estándares históricos.
El productor no cuestionó el éxito comercial de L-Gante, pero sí puso en discusión el lugar que ocupa dentro de la tradición musical. Para Mediavilla, el presente convive con múltiples formas de expresión, aunque no todas responden a los mismos valores artísticos.
Sus declaraciones, fieles a su estilo directo, volvieron a instalar un debate que atraviesa a la música popular argentina: el choque entre generaciones, el peso del mercado y la redefinición permanente de qué significa “cantar” en tiempos de redes y viralización.