La investigación quedó en manos de los fiscales Marcelo Fontana y Andrés Marchi, quienes el día en que el juez Sergio Carraro dictó la prisión preventiva a Sebastián Maschio comunicaron que el imputado "ante policías de la Dirección de Trata de Personas, reconoció que la enfermera era su pareja, que habían discutido, que se le había ido la mano y que la había matado. Dijo que quería colaborar y le contó a los uniformados donde estaba el cadáver. Fue una declaración espontánea que hizo el acusado, que en ese momento estaba detenido en el marco de la desaparición". "No se trató de un acto de arrepentimiento. Este hombre se dio cuenta de que estaba acorralado y que los investigadores ya estaban en camino para descubrir todo", aseguraron.