El operativo fue contundente: 15 allanamientos simultáneos, siete personas aprehendidas, entre ellas tres menores, y una investigación que apunta a desarticular una organización violenta vinculada al robo de motos en la ciudad de Santa Fe.
El director de Investigación Criminal remarcó el trabajo previo que derivó en los allanamientos. Destaco el nivel de violencia de los implicados en la causa.

El operativo fue contundente: 15 allanamientos simultáneos, siete personas aprehendidas, entre ellas tres menores, y una investigación que apunta a desarticular una organización violenta vinculada al robo de motos en la ciudad de Santa Fe.
Así lo confirmó el director provincial de Investigación Criminal, Rolando Galfrascoli, al brindar detalles de los procedimientos realizados este martes en barrio Coronel Dorrego.
Las medidas fueron ordenadas por la Justicia penal a partir de un trabajo encabezado por el fiscal Francisco Secchini, en el marco de una causa que se viene construyendo desde hace meses y que tiene como eje delitos contra la propiedad, pero atravesados por un dato clave: el uso sistemático de armas de fuego.
Según explicó Galfrascoli, los allanamientos forman parte de una pesquisa “compleja”, llevada adelante por áreas específicas de la Policía de Investigaciones. El foco estuvo puesto en una banda que operaba principalmente en el norte de la ciudad.
El robo de motocicletas aparece como el delito más reiterado, aunque no el único. La organización también está vinculada a episodios de abuso de armas, tenencia ilegal y otros hechos que elevan su nivel de peligrosidad.
“Estamos hablando de personas muy peligrosas, que actuaban con violencia altamente lesiva”, remarcó el funcionario, en línea con el perfil delictivo que se investiga.
El saldo inicial del operativo dejó siete detenidos, todos capturados durante la mañana y presuntamente vinculados a la misma estructura delictiva. Entre ellos hay tres menores de edad, lo que refuerza una de las hipótesis centrales de la investigación: la utilización de jóvenes en la ejecución de los delitos.
Durante los procedimientos, además, se secuestraron elementos de interés para la causa: municiones, cartuchería, objetos robados y también material estupefaciente hallado en uno de los domicilios.
Desde la fuerza aclararon que el análisis de estas pruebas será determinante para avanzar en las imputaciones formales.
Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la modalidad delictiva. Se trata de ataques rápidos, muchas veces en grupo, conocidos en la jerga como “piraña” o “rapiña”, con un alto grado de violencia.
La investigación detectó que, en varios casos, las víctimas eran trabajadores. Incluso se recordó un hecho reciente en el que un motociclista fue convocado mediante una aplicación y luego asaltado a punta de arma de fuego.
También se identificó otra mecánica reiterada: el ingreso a viviendas tras violentar portones para sustraer motos, especialmente en zonas como Guadalupe y María Selva.
Consultado sobre posibles vínculos con balaceras registradas en los últimos días, Galfrascoli fue cauto. Señaló que esa relación deberá ser determinada por la fiscalía a partir del análisis del material secuestrado.
No obstante, admitió que la zona, la modalidad y el tipo de delitos permiten presumir algún grado de conexión.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una problemática compleja: la participación de menores en delitos violentos. Desde el área de Seguridad indicaron que todos los jóvenes detenidos son punibles y están alcanzados por el régimen penal juvenil.
Al mismo tiempo, se evitó brindar detalles sobre antecedentes o intervenciones previas, al tratarse de información reservada.
Lo cierto es que, con estos procedimientos, la investigación da un paso clave. Pero también deja abiertos interrogantes sobre la dinámica de estas bandas y el rol que cumplen los menores en su estructura.




