A esto se suma la participación de funcionarios municipales y el uso de móviles oficiales en el traslado de víctimas al geriátrico en cuestión, en connivencia con la única detenida en la causa; la promoción de residencias no habilitadas dentro del propio organismo de control; y la imputación formulada por el ahora exfiscal de la causa, Manuel Cecchini, quien tomó como hecho aislado el incendio sin investigar la cadena de responsabilidades hacia arriba, hacia abajo o de forma previa a ese momento. Cecchini desconoció de manera inexplicable la denuncia previa en la que la hija de un residente aportaba pruebas claras sobre el delito de trata de personas con participación institucional. Todo esto convirtió en insoportable la certeza de la inhumanidad del accionar fiscal ante lo que podría transformarse en una catástrofe sanitaria inconcebible, reprochable, pero, ante todo, evitable.