La escena vuelve a repetirse en la escuela de calle Mendoza al 4300. Vidrios, cables, instalaciones dañadas y espacios que deberían estar destinados exclusivamente a enseñar y aprender aparecen otra vez como consecuencia de un nuevo ingreso delictivo. Pero esta vez la preocupación de las familias es todavía mayor: ya no se trata solamente del jardín de infantes.


































