Eran las 22.20 del miércoles cuando, en la penumbra de la esquina de Dr. Zavalla y Presidente Roca (Monte Vera), un automóvil estaba detenido, con dos ocupantes entregados a un paréntesis íntimo, lejos de la rutina de sus trabajos en Santa Fe. Ella, una enfermera de 40 y tantos años. Él, un empleado penitenciario de casi 50 años. Ambos buscaban un respiro, pero en cambio se toparon con el infierno.



































