El pasado 19 de septiembre, Maxi Olmos salió de su casa y se subió a su flamante Honda Tornado. Era la segunda vez que la usaba. La sacaba poco porque temía que se la robaran. Tomó avenida Facundo Zuviría para ir a buscar a su novia. Todavía faltaban unos minutos para las 21. Él no lo sabía, pero a corta distancia lo seguían dos delincuentes en un vehículo similar, con las luces apagadas. Doblaron por calle Domingo Silva hacia el este y a los pocos metros los asaltantes atacaron. El que viajaba en el asiento de atrás le apuntó a Maxi con una pistola de grueso calibre. “Dame la moto”, le gritó. El joven no se la iba a entregar, por lo que aceleró y dobló por pasaje Pasteur hacia el sur. Al toparse contra la vía, trató de escapar en contramano por pasaje Larramendi, pero en ese momento cayó al suelo. Había recibido un tiro en una pierna y además se encontró de frente con un auto que circulaba en sentido contrario. Uno de los ladrones se acercó y lo acribilló a balazos cuando estaba tirado en el piso. Murió en el lugar mientras se llevaban su Honda. Algún testigo habría insinuado que el asesino pareció reconocer a la víctima antes de abrir fuego. Por el brutal crimen están acusados Cristian “Pastelito” Martínez y Jesús “Gringo” Noriega. Este viernes, el juez Nicolás Falkenberg les dictó a ambos la prisión preventiva. El magistrado elogió la investigación dirigida por la fiscal Rosana Marcolín y desarrollada por personal de la PDI.
“Gringo” y “Pastelito” fueron imputados por homicidio calificado por el uso de arma de fuego y criminis causa (para poder concretar el robo y lograr la impunidad). Ambos están acusados de formar parte de una banda dedicada al robo de motos que estaba en la mira de la policía desde principios de año. Justamente la doctora Marcolín era quien venía siguiendo sus pasos.



































