Hay días en los que la computadora se apaga, pero los ojos parecen seguir trabajando. Después de varias horas frente al monitor, cuesta enfocar un texto, las letras parecen moverse o se vuelven borrosas durante unos segundos, los ojos arden y aparece esa necesidad de frotarlos. A veces también se suma dolor de cabeza, sensación de pesadez en los párpados o dificultad para pasar rápidamente de mirar la pantalla a observar algo que está lejos.




































