La lactancia materna suele presentarse como un acto natural, instintivo y casi automático. Sin embargo, para muchas mujeres, lejos de vivirse como una experiencia placentera, se transforma en una fuente de angustia, culpa y miedo.
Repensar la lactancia desde una mirada más humana e integrativa, lejos de mandatos sociales, comparaciones y miedos que muchas veces generan frustración en las madres. La extracción de leche, los sacaleches y la producción láctea, en el centro de una conversación necesaria.

La lactancia materna suele presentarse como un acto natural, instintivo y casi automático. Sin embargo, para muchas mujeres, lejos de vivirse como una experiencia placentera, se transforma en una fuente de angustia, culpa y miedo.
En especial, cuando entran en juego la vuelta al trabajo, la extracción de leche y la sensación —muchas veces errónea— de “no tener suficiente”. Sobre este tema, en una entrevista con Vivi Mejor, la pediatra Marianela Rey (M.P. 7414) propusó un abordaje claro: hablar de lactancia sin culpa implica, ante todo, correrse de las presiones y volver al deseo materno.
“Siempre digo que la lactancia tiene que partir del deseo de esa mamá y de esa familia”, señaló Rey. Desde su experiencia clínica, advirtió que gran parte de los conflictos alrededor de la lactancia no se deben a una incapacidad biológica, sino a factores externos que interfieren en un proceso que, en condiciones favorables, debería darse de manera natural.
Las presiones sociales ocupan un lugar central. La idea instalada de que “hay que amamantar” sin contemplar contextos, tiempos ni realidades individuales genera una carga emocional difícil de sostener.
A esto se suman licencias por maternidad cortas, exigencias laborales, dificultades económicas y falta de redes de apoyo. “Muchas veces la lactancia no fluye por estas cuestiones, no porque el cuerpo no pueda”, explicó.
En el consultorio, la pediatra observa que muchas mujeres llegan atravesadas por el miedo: miedo a no producir lo suficiente, a no estar haciendo lo correcto o a fallarle a su bebé. Frente a esto, insistió en la necesidad de acompañamiento. “La lactancia necesita una tribu. Personas que estén alrededor y también profesionales de la salud que acompañen ese proceso”, afirmó.
Uno de los motivos de consulta más frecuentes es la sensación de tener “poca leche”. Para Rey, se trata de uno de los grandes mitos alrededor de la lactancia. “No es que una mujer no va a tener leche. Nuestro cuerpo está diseñado para producirla y para que salga en el momento que tiene que salir”, enfatizó.
La lactancia está regulada principalmente por dos hormonas: la prolactina, responsable de la producción de leche, y la oxitocina, que permite su eyección. Para que este mecanismo funcione de manera eficiente, es clave la succión del bebé.
Cuando hay dificultades, generalmente no se relacionan con la producción en sí, sino con otros factores: un mal acople al pecho, una succión poco efectiva o la falta de acompañamiento adecuado.
En este punto, Rey destacó el rol de pediatras, puericultoras y profesionales formados en lactancia, que pueden detectar y corregir estas dificultades antes de que se traduzcan en frustración o abandono. “No es producir más, es hacer que esa producción sea eficiente”, resumió.
La extracción de leche aparece como una gran aliada, sobre todo para las mujeres que deben volver a trabajar o separarse del bebé durante algunas horas. Sin embargo, también es fuente de comparaciones y angustias innecesarias.
“El sacaleches es una excelente opción, pero hay que saber cuándo y cómo usarlo”, explicó la pediatra. En general, se recomienda comenzar después del primer mes de vida. Antes de ese momento, la leche inicial —el calostro— se produce en pequeñas cantidades y el uso del sacaleches no suele ser efectivo.
Además, durante las primeras semanas, el sistema hormonal todavía está en proceso de regulación y una extracción precoz puede generar complicaciones.
Respecto de los dispositivos, existen sacaleches manuales y eléctricos. El manual requiere mayor intervención activa de la madre, mientras que el eléctrico resulta más sencillo y práctico, especialmente cuando se necesitan extracciones frecuentes, como ocurre en jornadas laborales extensas.
Uno de los puntos clave que Rey remarcó es que la cantidad extraída nunca es equivalente a lo que el bebé logra al succionar directamente. “Siempre es menos lo que se obtiene con el sacaleches. El bebé es muchísimo más eficiente”, aclaró. Por eso, advierte sobre un error común: creer que los mililitros extraídos reflejan lo que el bebé realmente consume.
La comparación entre madres es otro factor que alimenta la culpa. Algunas mujeres extraen muy poca cantidad, otras logran mucho volumen e incluso hay quienes realizan extracciones manuales abundantes sin necesidad de dispositivos. “Eso depende de cada mujer. Compararse es uno de los errores más frecuentes y más dañinos”, sostuvó Rey.
También cuestiona mitos vinculados al crecimiento del bebé. En ocasiones, incluso desde el sistema de salud, se instala la idea de que un bebé amamantado “no está creciendo bien”, lo que deriva rápidamente en la indicación de fórmulas.
Para la pediatra, estas decisiones deben evaluarse con cuidado y acompañamiento, ya que existen múltiples factores que influyen en la ganancia de peso y no siempre la lactancia es el problema.
Desde una perspectiva integrativa, Rey subrayó que no existe una postura ideal para amamantar. Las posiciones varían según cada mamá y bebé, es algo que puede cambiar con el tiempo. Si bien en los primeros días se recomiendan algunas posturas específicas, luego cada uno encuentra la que le resulta más cómoda.
El cuidado del cuerpo materno también ocupa un lugar central. Mantenerse activa antes, durante y después del embarazo, una alimentación variada y una correcta hidratación favorecen la calidad de la leche. “No hay alimentos que den más leche ni que la corten”, aclaró, desarmando otro mito frecuente. Lo importante es el conjunto de la alimentación a lo largo de la vida.
Durante la lactancia, se recomienda no consumir alcohol, no fumar ni usar sustancias. La alimentación variada, que incluya todos los grupos de alimentos, no solo beneficia a la madre, sino también al bebé: a través de la lactancia, la microbiota intestinal materna contribuye a colonizar y madurar el intestino del recién nacido.
“Primero hablamos de autocuidado de la mamá y, en segundo lugar, de esta conexión tan profunda con el bebé”, concluyó Rey.




