Colón llegaba con una deuda grande a este partido y con muchas incógnitas. El desequilibrio de la producción futbolística y de resultados del equipo, se hizo muy evidente entre lo que produce como local y lo que muestra como visitante. Pero lo que estaba bajo la lupa fue la actitud. Se puede jugar bien, regular o mal, pero lo que no se puede negociar nunca es la entrega. Y Colón salió con personalidad a jugar el partido, algo que se vio reflejado en el primer tiempo. Le faltó hacer pie en el momento que tuvo Los Andes, empujándolo con el fervor de su gente en los primeros 15 minutos del segundo tiempo y llevándoselo por delante. Fue un ratito, pero allí llegó el gol del empate que luego no se pudo modificar, cerrándole mucho más el empate a Los Andes que a la visita.



































