"Y sí...son los jugadores que les gusta a Falcioni", fue la frase que más escuché en este mercado de verano charlando en el día a día con dirigentes (de Colón y de otros clubes), representantes e intermediarios del fútbol argentino cada vez que Vignatti y Sciacqua cerraban un fichaje. Fueron, al final, ocho nuevos pasajeros, aunque el término no valide para un tal Luis Miguel Rodríguez, viejo conocido de la casa. Así se armó Colón, con una experiencia religiosa por pedido del entrenador con más años y partidos del fútbol argento en actividad. Contra Boca, desde el vamos, mostrará su receta.



































