Después de la tormenta, siempre llega el asado. "Nos estamos debiendo una comida, presi", dijeron los jugadores. "La semana que viene pago el asado, pongan el día ustedes", respondió Vignatti. Así, después de largas semanas de negociaciones, tironeos y reuniones de todo tipo, hubo humo blanco en Colón. Y bandera del mismo color en símbolo de paz. Era hora. Como en todo pacto, las dos partes resignaron. Y en la tardecita del viernes, cuando Eduardo Domínguez terminaba de repasar pelota quieta, al momento que caía el sol, cayó la firma. Se dejó todo firmado en un contrato formalizado, en el mismo predio.



































