Se llama Darío Genolet, hace 38 años que sigue a Colón, es policía, agradece a su jefe, Juan Hernández, por haberle permitido tener la dicha de estar en La Nueva Olla y de haber conmovido a todo Colón —en realidad a toda Sudamérica— con su llanto cuando cantaba “aeeea, yo soy Sabalero”, al ritmo de Los Palmeras.




































