Colón jugó su mejor partido en esta Superliga, mejor que con Domínguez, Fuertes y Comesaña. Jugaron como si fuera una final, con el cuchillo entre los dientes, apretando, corriendo una enormidad, con mucho coraje y también con fútbol. Hubo una idea definida, que se llevó a cabo casi a la perfección en el primer tiempo. Y en el segundo, con los naturales y acostumbrados bajones físicos a los que nos tiene acostumbrado este plantel, se jugó a achicar espacios cerca del área y contragolpear.




































