Antes de que su nombre sea recuerdo, mito y leyenda con su paso a la eternidad, el gran capitán que tuvo Colón en el memorable ascenso de 1965, Jorge Omar Sanitá, siempre contaba la anécdota de aquélla primera victoria de Colón ante River, un frío domingo de julio de 1966. “Le hicimos el gol a Amadeo Carrizo cuando iban 10 minutos. Orlando Medina fue el autor. Desde ahí en adelante, nos dedicamos a enfriar el partido. Lo de Errea, nuestro arquero, era impresionante. Me daba la pelota a mí y yo se la devolvía. Así estuvimos casi toda la tarde. Eran tiempos en que el arquero podía tomar la pelota con las manos cuando la recibía de un compañero. Se querían morir”, recreaba ese gran tipo –y enorme jugador- que fue Jorge Sanitá.


































