"Pancho" Lamolina no pasó desapercibido en el arbitraje. Tuvo una gran carrera, fue el representante argentino en el Mundial de 1994 en Estados Unidos pero, además, fue el exponente de una manera de dirigir que contrastaba con la de otros que tenían un estilo opuesto. Lamolina fue el mentor del "siga, siga". Y en ese entonces se contrapuso con la forma de actuar en la cancha de otro gran árbitro que tuvo la Argentina, como fue Javier Castrilli. "Yo dejaba jugar, Castrilli cobraba; yo no amonestaba, Castrilli sí; yo no expulsaba, Castrilli sí", dice "Pancho", aunque esto no puede tomarse de manera tan taxativa. Pero el choque de estilos fue claro y apreciable a simple vista, en tiempos distintos a los actuales, arrancando por ejemplo en la no existencia de un elemento tecnológico que hoy permite subsanar errores.



































