No sucede porque nadie cuestionó la continuidad de Madelón cuando perdió cuatro partidos seguidos. Fue el punto más crítico de la campaña, pero aquella situación se afrontó con mucha naturalidad. Hablo de la previa al partido con Rosario Central, que terminó empatado en el 15 de Abril y que Unión no podía perder. Dio la impresión de que era el “partido bisagra” que se había puesto el técnico, el que debía darle fortaleza o llenarlo de debilidad para seguir. Pero eran cosas de él, nadie lo puso contra la espada y la pared, lo emplazó o le deslizó que una derrota haría imposible su continuidad. Es algo que pensó o supuso el mismo Madelón, cuya espalda es muy grande en Unión y apareció en escena en ese momento que habría llenado de dudas la permanencia de cualquier otro entrenador.
Pero ocurrieron cosas en todo este proceso. El punto en cuestión es el armado del plantel. Y acá, a primera vista, surge una conclusión: se perdió jerarquía. La salida de Zabala y Fragapane implicó, además de la ausencia de dos jugadores que conocían a la perfección el sistema futbolístico de Madelón, la salida de 13 goles. Ambos, aún en la posición de volantes, se convirtieron en figuras de un equipo que clasificó para la Sudamericana. Y jugaron casi todo el torneo como titulares indiscutidos, como también lo fue Mauro Pittón, otro jugador clave en el andamiaje futbolístico que dejó el club.