Muchas cosas cambiaron en seis meses, desde enero hasta este momento. No solo hay otro entrenador (a principios de año el Kily, ahora Leo Madelón), sino que también hay otros objetivos. Unión estaba “dulce” en enero, venía de clasificar para la Sudamericana y de pasar un año tranquilo luego de aquel final de año colmado de alteraciones que fue el 2023. Las quejas del Kily en los mercados de verano e invierno (con un club inhibido) se convirtieron en muecas de satisfacción. “Me trajeron todo lo que pedí”, dijo el técnico. No hubo reproches. Pero esos 4,5 millones de dólares “invertidos” por el club en la llegada de las nueve caras nuevas que tuvo el plantel, terminaron siendo un “gasto”. Esta vez hubo plata y no hubo deudas (llámese inhibiciones). Pero se equivocaron. Y las salidas de jugadores clave como Balboa, Orsini, Rivero y Mosqueira, por nombrar a los principales, se hicieron notorias y quienes llegaron para reemplazarlos no dieron la talla o el técnico no supo encontrar el funcionamiento o la idea de juego adecuada para potenciar un plantel que perdió jerarquía. Y también perdió posiciones en la tabla.



































