Unión sigue a contramano. Una cosa es el juego y otra son los resultados. Le pasa a menudo y no suena a excusa. El técnico tiene un estilo, los jugadores lo ejecutan pero, cuando llega el momento del pitazo final, pierde o empata. De vez en cuándo, el fútbol se apiada y le tira una soga. Le pasó sólamente con Estudiantes en los últimos tiempos. Y nada más. Pero uno mira la tabla de posiciones del actual torneo (para hacerle caso a Munúa y no tener en cuenta lo del año pasado) y Unión está en el puesto 26 sobre 28 equipos y sumó menos del 30 por ciento de los puntos en juego. ¿Inmerecido?, ¡claro! Pero es un dato fehaciente de la realidad, que contrasta con lo que el equipo muestra en la cancha pero que advierte la gravedad de la situación, sobre todo en un fútbol exitista como el nuestro. A Unión no lo pasan por arriba, ni siquiera cuando se queda con 10, como el otro día ante Racing. Pero le cuesta ganar. Muchísimo. Y eso que sale a ganar. Es la filosofía de su entrenador, cuando habla de ser competitivos. Quizás le esté faltando, al equipo, la inteligencia o la premura necesaria para elegir el mejor camino que lo lleve a un resultado positivo.

































