—El dirigente cree poco en la formación porque el negocio es traer y vender jugadores. Los que pelean desde abajo, sacando los grandes, tendrían que ser formadores... Pero no te pagan un mango, te dan el laburo como si te harían un favor. Los formadores deberían ganar bien, no digo que como el técnico de Primera, pero ganar bien... En Liga de Quito también hicimos un buen trabajo: el equipo campeón de América tenía cinco jugadores de las canteras. Lo llevé al Loco Stelhick, porque el Loco tiene buen ojo, es bicho para ver jugadores... Bueno, ahí lo sacamos a Alexander Domínguez, el que vino a Colón. ¡Qué lio se armó, porque nació en el límite con Colombia y había dudas de su nacionalidad! Al final, terminó siendo ecuatoriano.