Otro que no podía ocultar su alegría más allá de su humildad, fue Kevin Zenón. “La idea era que estemos todos juntitos, porque el partido era muy táctico y sabíamos que iba a salir todo bien. Me dolió mucho el tobillo, fue un golpe nada más, pero tuve que salir, nada de qué preocuparse. El del Negro Álvez fue un golazo, tremendo lo que hizo. ¿El mio?, vos sabés que no me acordaba mucho la jugada y la ví recién por televisión, fue lindo. Al arquero no lo ví, sólo veía el arco y cuando lo tenía cerca, se la piqué para asegurar”, dijo el correntino, quien se acordó de los momentos amargos y de esa decisión que parecía tomada de abandonar el fútbol cuando todavía era un adolescente. “No quería saber nada, quería estar en mi casa con mi familia. El que siempre estuvo conmigo fue mi viejo, me dijo que si me quería volver no pasaba nada, pero que esperara hasta el final del año porque estaba en el colegio secundario y había que hacer un lío bárbaro de papeles. Ese fue el momento en el que me convocaron para el plantel de reserva y eso me cambió la cabeza. Pero es verdad: quería largar el fútbol y volverme a mi casa”, dijo casi con lágrimas en los ojos por esos recuerdos que seguramente todavía lastiman un poco, aunque esta emoción y la carrera en ciernes (no tiene techo este pibe) ha cambiado el dolor por expectativa y alegría. “La verdad es que no soy consciente de lo que hicimos… Creo que mis compañeros tampoco”, concluyó Zenón, hasta dando la impresión de “buscar aliados” para una emoción que estallaba por los poros, casi más que la transpiración.