El pádel, ese viejo deporte que tuvo su época dorada a fines de los ochenta y principios de los años '90, ha renacido del ostracismo en el que se había quedado durmiendo. Años debieron pasar; en el medio quedaron canchas abandonadas con las rejas llenas de yuyos y matorrales, predios ociosos con las paredes verdes descascarándose, y apenas un puñado de jugadores fieles mantuvieron la práctica casi en secreto, como una especie de culto.


































