En la actualidad, muchas ciudades logran proveer a sus habitantes de lo esencial para la vida, pero a costa de volverse cada vez menos habitables y, paradójicamente, más insalubres. La expansión urbana, la pérdida de suelo absorbente y la escasez de espacios verdes configuran un escenario donde el cemento domina sobre la naturaleza. Santa Fe no escapa a esta realidad: su crecimiento, marcado por la impermeabilización y la presión sobre los ecosistemas, revela una tensión entre el confort urbano y la sostenibilidad ambiental que pone en riesgo la calidad de vida presente y futura.




































