En el barrio La Loma, donde la ciudad capital se recuesta hacia el noroeste, a poco de la Circunvalación y donde el Salado hace un extraño serpenteo, no hay casi nada. Ni un dispensario, ni una posta policial; sólo un jardincito del Movimiento Los Sin Techo y una plaza, la única. Pero ahora, unos vándalos se robaron las hamacas, y los pibes y las pibas del barrio se quedaron sin poder jugar.



































