El mal uso de las redes sociales —divulgando datos erróneos, parciales o fuera de contexto— puede fomentar un estado de psicosis general durante una emergencia. La responsabilidad de los medios y de los entes oficiales que atienden la emergencia, dos elementos clave.

Luciano Andreychuk
landreychuk@ellitoral.com
@landreychuk
En un grupo de Whatsapp, alguien muestra una foto de una defensa colapsada por el agua. Todos los integrantes de ese grupo se asustan, comparten la imagen en otros grupos, la “viralizan” en Facebook o Twitter. Pero resulta que la foto era vieja, y que en los hechos esa defensa estaba en buen estado. A la imagen equivocada la vieron cientos, quizás miles de personas.
Un vecino comenta en su barrio que el agua está ingresando por una determinada zona. Todos asustados, dan aviso a familiares y amigos. Éstos, a su vez, replican por las redes virtuales ese comentario. Pero resultó ser que el vecino que dio la supuesta “alerta” se enteró por un comentario de un conocido del trabajo, que a su vez se lo había dicho alguien de pasada. El dato era erróneo. Pero cientos o miles de personas se lo creyeron.
Eso es el rumor, un elemento que, en épocas de emergencia hídrica como la que padece hoy Santa Fe y su zona, alimenta una nunca deseada psicosis colectiva. Sus efectos pueden ser peligrosos, lo dicen los especialistas: pánicos generalizados, acciones individuales desacertadas y entorpecimientos en los procesos de gestión del riesgo contra la crecida de los ríos desde los entes oficiales.
Mitos y creencias
En épocas de emergencia empiezan a activarse mitos o creencias que responden a las características y cultura de cada región. “Cuando no aparecen las personas capacitadas para informar y desmitificar esas creencias, éstas pueden generar mucho daño: causan pánico, llevan a tomar medidas equivocadas e insumen muchos recursos humanos innecesariamente”, explicó a El Litoral Sibila Camps, destacada periodista y experta en coberturas durante desastres.
Si estas creencias se potencian en las redes sociales, donde el rumor es su insumo de circulación, entonces esto puede agravarse. “Por eso, es importante que las autoridades oficiales a cargo de la situación de emergencia y las organizaciones de la sociedad civil que ayudan en la contingencia, den información fidedigna y veraz”, pidió la especialista. “Y que se usen las redes sociales para contrarrestar esos rumores”.
La buena
Para Leandro Fridman —Lic. en Comunicación Social, Máster en Consultoría de Integración en Tecnologías de la Comunicación e Información en Organizaciones, y docente en la UNL— las redes sociales dependen del uso que se les dé. Esto es, pueden ser una valiosa herramienta en contextos de emergencia como también un “peligro social”.
“Hay dos ‘patas’, una buena y una mala. Por un lado las redes permiten ayudar a la gente efectivamente afectada por la inundación, sino también a la gente que está en la gestión de la emergencia, en la prevención, en el durante y el después. En la prevención, las redes sociales sirven para ir concientizando a la gente de qué hacer en casos de que suba el río”, dijo.
En el durante, las redes permiten dar reportes en tiempo real de lo que está pasando, e informar a la gente que coordina la gestión del riesgo sobre dónde están los focos de conflicto. “Las tecnologías permiten hoy una ubicación de cada usuario por geolocalización: cuando se escribe un tuit se puede saber dónde está ese usuario, esto puede ayudar la gestión de la emergencia”.
“En Facebook, con el último atentado de París, todos los usuarios geolocalizados usaban el estado ‘Yo estoy bien’. Así, todos sus contactos (familiares) sabían que no había riesgos para el usuario. Esa es una forma efectiva”, contó.
La mala
Lo malo es, sencillamente, el uso incorrecto de las redes. Fridman cita el concepto de semiosis social del sociólogo Eliseo Verón: “A toda circulación de información tenemos que entenderla en términos de una ‘gramática’ de la recepción y de la producción. Los usuarios son receptores pero también productores de información. Hoy, cada usuario de redes sociales es un medio en sí mismo”, explicó el especialista.
Cuando se ve una información falsa o inexacta, no siempre es difundida con mala intención sino que es una interpretación de un suceso. Como toda interpretación, es subjetiva. Y lo subjetivo no ayuda a contrarrestar rumores.
El experto en tecnologías de la comunicación marcó otro problema: “Hay una inocencia en los usuarios cuando se piensa que nuestros mensajes en redes sociales sólo alcanzan a nuestros contactos. Eso no es así: el mensaje llega a los amigos de sus amigos, que a su vez lo pueden viralizar más”.
En ese proceso ad infinítum, “se pierde el contexto de la producción de esa información, y empieza a circular sin parar”, dice Fridman. Es decir, se pierde en esa maraña de semiosis social. “La información quizás era cierta pero vieja, esto es, fuera de un contexto actual. Se pierde el aquí y ahora”, cerró.




