El 21 de abril de 1978, El Litoral publicó un artículo sobre el regreso a la ciudad de una de las series emblemáticas del arte argentino, los gauchos de Cesáreo Bernaldo de Quirós.
En 1978, tras veinte años fuera de la ciudad, los gauchos de Cesáreo B. de Quirós volvieron a exhibirse en el Rosa Galisteo. La muestra reavivó una discusión sobre el lugar del patrimonio artístico y su relación con el interior del país.

El 21 de abril de 1978, El Litoral publicó un artículo sobre el regreso a la ciudad de una de las series emblemáticas del arte argentino, los gauchos de Cesáreo Bernaldo de Quirós.
Se trata de un conjunto de 28 pinturas de gran formato que, luego de dos décadas fuera de Santa Fe, volvían a exhibirse en el Museo Provincial Rosa Galisteo de Rodríguez.
La nota informa sobre el acontecimiento artístico y propone a la vez una reflexión sobre el lugar de la obra de Quirós en la construcción de la identidad cultural argentina y su vínculo con la ciudad.
Según consigna el diario, las pinturas habían dejado Santa Fe veinte años antes, luego de haber permanecido durante largo tiempo en el museo provincial, donde despertaron el interés de un público amplio, tanto local como visitante.
La serie (integrada por obras como "Lanzas y guitarras", "El hombre de los arreos" y "El carneador") es definida como un conjunto de escenas de la vida rural que son "testimonios de una tradición argentina".
Las obras habían sido depositadas en el Museo Nacional de Bellas Artes por decisión de los herederos del artista, y su retorno a Santa Fe era en carácter de préstamo.
El artículo también recupera una interpretación del historiador del arte Horacio Caillet-Bois, quien ubica a Quirós dentro de un proceso más amplio de construcción cultural en el país.
"Quirós representa (…) un intento de pintura nacional", afirma, en paralelo con figuras como Leopoldo Lugones en la literatura o Florencio Sánchez en el teatro.
Esta lectura, retomada en análisis más recientes publicados por la sección de Arte de El Litoral, permite entender la obra del pintor en relación con una búsqueda que atravesó el cambio de siglo en Argentina, la necesidad de representar lo propio, lo local, lo identitario.
A pesar de su proyección internacional, con exposiciones en Europa y Estados Unidos, la obra de Quirós mantuvo una fuerte anclaje en la iconografía del gaucho.
Un aspecto interesante del texto publicado en 1978 es el planteo de una discusión que excede el hecho puntual de la muestra, la posibilidad de que las obras de Quirós permanezcan en Santa Fe.
El Litoral sugiere la necesidad de impulsar gestiones para lograr una cesión más prolongada de la serie, e incluso propone la creación de un museo dedicado al artista.
Este planteo se inscribe en un debate mucho más amplio sobre la distribución del patrimonio cultural en Argentina, especialmente en relación a la centralización de obras en instituciones nacionales.
Por eso, a casi cincuenta años de su publicación, el artículo conserva relevancia tanto por la información que aporta como por las discusiones que plantea.
El regreso de los gauchos de Quirós a Santa Fe fue, en su momento, un acontecimiento artístico importante. Pero también fue como punto de partida para reflexionar sobre la relación entre arte, identidad y territorio.




