En abril de 1978, el Museo Municipal de Artes Visuales de Santa Fe inauguró una exposición que unía dos tradiciones que, en apariencia, resultaban muy distantes: la poesía israelí contemporánea y la plástica argentina.
Un repaso por la muestra que llegó a Santa Fe en abril de 1978. La misma unió a diez poetas hebreos con diez artistas argentinos. El desafío consistió en llevar la palabra escrita en Israel a la imagen pictórica argentina. Los detalles.

En abril de 1978, el Museo Municipal de Artes Visuales de Santa Fe inauguró una exposición que unía dos tradiciones que, en apariencia, resultaban muy distantes: la poesía israelí contemporánea y la plástica argentina.
La muestra Poetas Israelíes - Plásticos Argentinos, organizada con el auspicio del Instituto de Intercambio Cultural y Científico Argentino Israelí y gestada desde una galería porteña, proponía diez poetas, diez artistas y una misma búsqueda.
La propuesta partía de una premisa concreta, transformar el texto en imagen. Cada poema fue interpretado por un artista argentino, dando lugar a obras que no ilustraban de manera literal, sino que ensayaban una relectura visual de la palabra.
Entre las duplas destacadas se encontraban "De Jerusalem 1967", de Yehuda Amijai, con dibujo de Osvaldo Svanascini; "Despacio suben mis caballos", de David Fogel, interpretado por Raúl Alonso; y "Poema", de Amir Guilboa, con dibujo de Luis Felipe Noé, que falleció hace apenas un año.
También formaban parte "Guerra Civil", de Jaim Guri, llevado al plano pictórico por Antonio Berni; "De manera diferente", de Shulamit Har-Even, por Oscar Smoje; "Horas sin piedad", de Abraham Jalfi, por Josefina Robirosa; y "La planta de tus pies", de Pinjas Sadé, por Ernesto Deira.
Completaban la muestra "La muerte, siempre estuvo aquí", de Ioná Wolaj, por Leopoldo Presas; "Dibujo de niños", de Natán Yonatán, por Clorindo Testa; y "Cuando Dios dijo por primera vez", de Natán Zaj, por Pérez Celis.
Las obras mencionadas se encuentran adjuntadas en esta nota, lo que permite reconstruir visualmente aquella experiencia para el lector de El Litoral.
El espíritu de la muestra se condensaba en su texto curatorial, cuando señalaba que "la transformación de la letra en composición, de la rima en espacios, ha sido mucho más que un capricho cultural".
"La experiencia estética expuesta aquí, quizás haya pretendido, en última instancia, forjar una comunión valedera que se ubica más allá de barreras idiomáticas, distancias geográficas e idiosincrasias", agregaba.
El punto de partida fue el contacto directo de los artistas argentinos con la poesía hebrea contemporánea. Ese encuentro, casi de atelier, derivó en una serie de obras que no pretendían traducir, sino dialogar.
En su columna publicada en El Litoral el 17 de abril de 1978, Jorge Taverna Irigoyen ofrecía una lectura del acontecimiento. Señalaba que el "poema ilustrado" era una práctica "sumamente discutible y aleatoria", marcando la dificultad de establecer una correspondencia entre palabra e imagen.
Sin embargo, lejos de cerrar el debate, el crítico reconocía que "el conjunto se recorre con paralelo interés y deleite". La experiencia encontraba así su potencia en la intensidad del diálogo.
Taverna también subrayaba piezas específicas: el óleo de Antonio Berni, de fuerte carga dramática, vinculado a la guerra; las obras de Clorindo Testa, con reminiscencias del rayonismo; y la síntesis gráfica de Ernesto Deira.
La elección de Santa Fe como sede no fue un dato menor. En un contexto político y cultural complejo, la ciudad se convirtió en un espacio de circulación para una propuesta que apelaba a valores universales como la vida, la paz y la experiencia humana.
El propio texto curatorial lo anticipaba. "Sus pueblos comparten una devoción común y profesan una particular reverencia por aquellos cultores de la estética que saben interpretar, a través de sus valores éticos, los universales".
La muestra, en ese sentido, se configuró también como un gesto diplomático: un intento de acercamiento cultural entre Argentina e Israel a través del lenguaje del arte.
A casi cinco décadas, Poetas Israelíes - Plásticos Argentinos persiste como una experiencia difícil de encasillar. ¿Ilustración, traducción o interpretación? Tal vez ninguna de esas categorías alcance a definirla del todo.
Lo que permanece es la evidencia de un intento audaz: el de forjar sentido en la intersección de lenguajes. El de asumir que la palabra puede expandirse en imagen sin perder su densidad. Y que el arte, cuando se arriesga, abre zonas de lectura inesperadas.




