Visto medio siglo después, parece raro. Pero en enero de 1975 la revista Gente, más asociada en el imaginario colectivo a la farándula, publicó una extensa entrevista a Ricardo Supisiche, acompañada por una serie de fotografías de Rodolfo Solari.
En enero de 1975, Gente publicó una entrevista a "Supi" realizada en Santa Fe. A los 62 años, el pintor habló del río, del paisaje del litoral y de un método de trabajo basado en la memoria, la síntesis y el vínculo con su territorio.

Visto medio siglo después, parece raro. Pero en enero de 1975 la revista Gente, más asociada en el imaginario colectivo a la farándula, publicó una extensa entrevista a Ricardo Supisiche, acompañada por una serie de fotografías de Rodolfo Solari.
El pintor santafesino tenía entonces 62 años y su hija acababa de casarse, para irse a vivir a Mendoza pese a la tristeza paterna. Gente lo definía como "un hombre cordial, silencioso, que está considerado como el gran maestro santafesino".
El título elegido -"Este paisaje está dentro de mí. Puedo pintar sin mirarlo"- funcionaba como una definición vital. "Supi" afirmaba haber incorporado el litoral a tal punto que ya no necesitaba tenerlo delante para pintarlo. "Lo recuerdo y me nace solo, de tanto haberlo vivido y estudiado", explicaba.
El cronista, Alberto Perrone, era explícito. "A Ricardo Supisiche hay que venir a descubrirlo aquí. En su tierra". La entrevista, entonces, no intentó trasladarlo a Buenos Aires. El autor prefirió escucharlo junto al río, en su "pago".
Supisiche vinculaba su identidad con el paisaje. "Yo, que soy nieto de un dálmata contratado por Sarmiento para su Escuela Naval, y con un padre expedicionario al desierto que vino finalmente a afincarse a estos pagos, tan sólo existo cuando miro estas aguas y aquellas extensas tierras".
Había nacido en 1912, en el barrio Piquete, pero la muerte temprana de su padre derivó en una mudanza. "Nos fuimos al Barrio Sur, que ahora resulta ser el de las familias tradicionales de Santa Fe. Para mí eso significó hacer el primer contacto con el río". Un vínculo que sería definitivo.
El río aparece en la entrevista como lugar de juego y formación. "Con uno de mis hermanos salíamos siempre a cazar y a pescar por las islas. Era la diversión de la época, como los tranvías".
Esos tranvías, además, le dejaron una marca corporal que atraviesa su vida por completo, pero que Supisiche elige mencionar casi al pasar, sin subrayados. "Por colgarme de un tranvía, perdí a los doce años un brazo".
"Estudié dibujo en una academia que tenía un método tradicional. Copiaba yesos y láminas", recordaba. Allí, Baldomero Banús advirtió su talento y quiso transmitirle "los secretos del dibujo".
Pero el verdadero quiebre llegó con Sergio Sergi. "Se partía de la naturaleza y además el maestro no metía su mano en el trabajo del alumno". De Sergi incorporó una máxima que atraviesa toda la entrevista. “Me inculcó lo que debe ser un artista: tener hábito del trabajo y que solo se aprende a pintar pintando”.
Santa Fe, entre los años 30 y 50, fue un espacio de intensa circulación artística. Supisiche lo recuerda con claridad. "Llegaron Irurtia, Francisco Vidal, Lago y Spilimbergo. Toda esta gente dejaba sólidas enseñanzas y abría nuevos rumbos a un ambiente de provincia".
Sobre Spilimbergo evoca una escena. "Cuando a ustedes les 'sale algo', primero lo analizan. Después lo borran. Y recién después lo vuelven a hacer”, decía.
"Comencé pintando de manera naturalista. Copiaba motivos del río y del campo, los rancheríos, con sus chicos acarreando agua en latas", contaba. Sin embargo, al volver al taller, algo no terminaba de cerrar. "Me daba cuenta de que tan solo eran retazos de una vida que se me escapaba y seguía latiendo por ahí afuera".
El momento revelador llegó de forma inesperada. "Al trazar una línea horizontal y otra vertical sobre una tela borrada, descubrí que de la superficie más borrada surgía todo el paisaje de Santa Fe". Desde 1945, esa comprensión se volvió método. "Ahora ya puedo pintar sin estar frente al paisaje".
El viaje a Europa amplió su mirada y lo enfrentó con los grandes maestros. "Conocí a Carrà, Sironi y, de los antiguos, a Tiziano y Tintoretto". Al volver, contaba, "estaba aplastado por los gigantes que había visto. Hay cuadros que resumen todo el genio de la pintura y que dejan sin aliento".
La respuesta fue el regreso al litoral, a su lugar en el mundo. "Vuelvo entre mi gente, aquí donde hay grandes distancias sin un ser humano. Regreso a la extensión de mi provincia, que es la de América".
Supisiche habla del río casi como quien habla de un amigo querido. "En cuanto puedo, me embarco en mi velero y remo la laguna Setúbal". Allí conoce a los pescadores. "Son muy solitarios; pienso que tengo mucho que ver con ellos y también creo que mi pintura refleja ese aislamiento".
"Pinto varios cuadros a la vez. Los pinto y los abandono sin terminar. Cuando ya no sé qué hacer con un cuadro, ahí paro. Es el mismo cuadro el que me exige que ubique una casita, el perfil de una canoa, un hombrecito", señalaba.
Al hablar de los jóvenes pintores santafesinos (Federico Aymá, Norma de Guastavino y Artemio Alisio) vuelve sobre el tema del aislamiento. "Hoy, como ayer, todo pasa por Buenos Aires. Allí es necesario triunfar o sucumbir".
La definición final resume su postura. "Tal vez por eso nos gusta crear. Darnos en nuestras obras y quedarnos silenciosos en un rinconcito del país, mientras los otros hablan y paladean nuestro esfuerzo".




