Las causas de la suba de los alimentos, por tanto, no debería buscarse en la producción ni en su estructura de costos -que por cierto no está pesificada como se sugiere ya que la mayoría de los insumos se cotizan al dólar libre- sino en el exceso de emisión monetaria y el enorme déficit fiscal, que deteriora la capacidad de compra de los salarios. Según las entidades, la receta de atacar el aumento de precios con instrumentos tan destructivos como los derechos de exportación o los cupos se utilizó en el pasado reciente con sonoros fracasos que diezmaron la producción y las exportaciones, fulminaron mercados y la imagen de nuestro país como productor y exportador, y socavaron el ánimo y la capacidad de inversión de los productores, reduciendo drásticamente la superficie sembrada y los volúmenes generados. Asimismo, se deben revisar las distintas cadenas para constatar dónde se generan las distorsiones, que desde hace años suceden, en detrimento de productores y consumidores, avalada por la inacción del Estado que no ejerce su rol de contralor.